Mañana la presidenta Claudia Sheinbaum se reunirá con el rey Felipe VI de España, quien visita México para asistir al partido entre España y Uruguay en Guadalajara, en el marco del Mundial de 2026. Cuando le preguntaron en la Mañanera de qué hablaría con él, la presidenta respondió que uno de los temas sería la importancia de los pueblos originarios antes de la Conquista.
En el contexto de una visita vinculada al Mundial y frente al jefe de Estado de uno de los principales socios económicos de México por qué se quiere llevar la conversación quinientos años hacia atrás y no veinte años hacia adelante?
España es uno de los mayores inversionistas extranjeros en México. Miles de empleos mexicanos dependen de empresas españolas en sectores como banca, infraestructura, energía, turismo, telecomunicaciones y servicios. Aún así, la presidenta decide desperdiciar la oportunidad de usar la reunión para hablar de inversión, innovación, educación, turismo, deporte e infraestructura. De futuro.
Escribo estas líneas desde España, un país que ha sabido transformar algunas de sus ventajas naturales en una estrategia nacional. No todo funciona aquí. Hay muchos problemas y tensiones políticas que hoy tienen al gobierno de Pedro Sánchez contra las cuerdas, por no hablar del caso de corrupción de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero al observar este país con ojos mexicanos no deja de asombrarme la capacidad que han tenido de convertir oportunidades en proyectos de largo plazo.
España, como México, tiene buenas playas y buen clima. También una ubicación privilegiada como puente entre Europa y África. Pero a partir de esas ventaja España ha hecho la tarea trabajando en infraestructura, conectividad, promoción y políticas públicas consistentes para aprovecharlas. El resultado es que el turismo aporta más del 12% del PIB español, genera millones de empleos y permitió que el país recibiera más de 94 millones de visitantes internacionales en 2024, una cifra récord.
México posee recursos turísticos igual o más espectaculares. Sin embargo, la inseguridad ahuyenta visitantes. La extorsión golpea a prestadores de servicios. Los apagones afectan regiones enteras de la Riviera Maya. La corrupción continúa funcionando como un impuesto informal que encarece cualquier inversión.
La otra gran lección española está en el deporte.
Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fueron utilizados como una plataforma para modernizar, transformar y profesionalizar estructuras deportivas. España encontró una ruta de largo plazo para fortalecer el deporte de alto rendimiento. Hoy los mejores futbolistas, tenistas y ciclistas son españoles.
Mientras recorro España con los ojos puestos en el Mundial de 2026, no puedo evitar pensar en otra oportunidad desperdiciada por México.
Somos sede de tres ciudades mundialistas. Contamos con una afición extraordinaria. Llenamos estadios. Incluso tenemos la capacidad de convertir a un pato en una celebridad internacional. Lo que no hemos construido es una estrategia nacional para utilizar el futbol como herramienta de desarrollo.
¿Por qué no aprovechar el Mundial para rehabilitar miles de canchas públicas? ¿Por qué no impulsar programas deportivos permanentes en las escuelas? ¿Por qué no vincular el torneo con campañas nacionales contra la obesidad infantil? ¿Por qué no utilizar el entusiasmo que genera el futbol para promover hábitos saludables entre millones de niños y jóvenes?
Los países exitosos estudian su pasado. Pero dedican mucho más tiempo a construir su futuro. La presidenta puede empezar a hacer lo propio aprovechando las reunión con el Rey Felipe VI para hablar de lo que realmente le traerá oportunidades a los mexicanos. Dejemos de insistir en lo ocurrido hace quinientos años.
Columna publicada en El Universal